José Zilli OFM
Información personal
Nacimiento 07 de mayo de 1924
Gemona del Friuli, Italia
Fallecimiento 31 de enero de 2008 (83 años).
Aarón Castellanos, Argentina
Nacionalidad italiano, argentino
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El padre José Zilli OFM (nacido como José Pedro Zilli, el 7 de mayo de 1924 en Gemona del Friuli, Udine, Italia-fallecido el 31 de enero de 2008, en Aarón Castellanos, Santa Fe, Argentina) fue un sacerdote franciscano friulano, miembro de la provincia franciscana del Véneto y misionero en la República Argentina y en la República de El Salvador. Por su vida ejemplar de humildad y mansedumbre, la Iglesia Católica aceptó que se inicie su proceso de beatificación y desde 2013 es considerado Siervo de Dios.
Reseña biográfica
Gemona es una pequeña ciudad ubicada en la provincia de Udine en la región del Friuli, al pie del Monte Chiampon y es en este pequeño rincón un 7 de mayo de 1924 nació el Padre José Zilli.
Sus padres, Giacomo Pietro Zilli, (25-10-1888/ 02-06-1966) y Gina (Virginia) Gurisatti, de profesión empleada doméstica (11-11-1889/ 25-04-1977) eran gente sencilla, de origines humildes que se casaron en Gemona el día 21/09/1919. El padre era albañil y se vio obligado en varias ocasiones a abandonar su país en busca de trabajo fuera de Friuli, donde estuvo en Rumania y Alemania. En ese momento, por desgracia, Friuli era una tierra muy pobre y la emigración era la única solución para mantener a sus familiares.
José fue bautizado el mismo día de su nacimiento en su casa como se acostumbraba en aquellos tiempos, y era el único varón de la casa “Zilli”. Por el libro bautismal de la Parroquia de Gemona, sabemos que el sacerdote que le hizo entrar en la Iglesia de Cristo, fue don Angelo Brissi, que en ese momento no era el arcipreste de la ciudad, sino don Salisizzo. Se le impusieron los nombres de "Giuseppe Pietro" y su padrino se llamaba Leonardo Bonitti y la madrina fue Inés Londero, ambos habitantes de Gemona.
Después de José (Bepo en Friulano) nacieron Bruna y María respectivamente menores de tres y seis años. Cuando era niño tenía una actitud de sencillez y los principios franciscanos de la pobreza y de la humidad, que ya sentía y que, lo acompañaría durante toda su vida.
Su vocación nació cuando era muchacho, aunque cuando era niño le gustaba jugar a la preparación de un pequeño altar en un hueco en la pared de la escalera y solo cosía pequeños manteles para embellecerlo. Le encantaba la compañía de las personas mayores, él era ansioso y curioso por saber de ellos, las viejas historias, rimas y proverbios cuya memoria luego lo acompañaron todos los años que estuvo lejos de su país y que lo ayudaron a superar los momentos de nostalgia. Iba de buena gana con estas personas a las montañas en busca de leña, saliendo a la mañana, cuando todavía estaba oscuro y años después se divertía al narrar las anécdotas aprendidas y divirtiéndose para imitar voces, expresiones y aires de las personas que lo acompañaban.
Muchas veces en la cartas que escribía a su familia, en vez de contar de su vida en Argentina hablaba de esas viejas canciones infantiles o refranes que sus familiares recordaban con gran dificultad.
A menudo, en invierno, durante la vacaciones escolares cuando nevaba mucho, iba hacia Tarvisio (un pueblo de montaña en la frontera con Austria y Eslovenia), armado con una pala para quitar la nieve y así ayudar a su familia con una pequeña ganancia. José después de asistir a la escuela primaria se matriculó en la escuela de arte (era un estudiante modelo) y al acabar de graduarse, comenzó a trabajar en Gemona en la empresa de construcción “Castelli” como dibujante.
Su familia vivía (y allí vivió su hermana Bruna) en una calle lateral cerca del convento y el santuario de San Antonio; y por supuesto, como todos los niños se convirtió en monaguillo: Quien sabe, tal vez fue esa proximidad al convento y una buena relación con los franciscanos de la época y sobre todo con padre Raimundo, su padre espiritual, que dio a luz a José a su vocación. Cuando llegó la vocación no era ya un niño y decidió él mismo de entrar en el convento.
Pero fue allá por 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando un día empezaron a bombardear al pueblo y comenzó a sonar la alarma; y toda la gente corría para buscar refugio. Así lo narraba el Padre José: “La huerta del convento franciscano de mi pueblo lindaba con el patio de mi casa y noté que los franciscanos trabajaban en la quinta en medio de los bombardeos y yo me pregunté: “¿Estos frailes no tienen miedo a las bombas?” De esa curiosidad nació mi vocación de sacerdote; además me gustaba mucho la vida de San Francisco de Asís”.
”Mi padre no quería que yo fuera sacerdote, por ese motivo perdí un año de estudio, hasta que un fraile (muy probable que haya sido el padre Raimundo) lo convenció de firmar los papeles para que pudiera empezar a estudiar; mi madre ya había firmado.”
No fue una decisión fácil de aceptar a su padre, porque él era el único hijo varón y tenía otros planes y expectativas. Además el señor Giacomo Zilli había combatido en la Primera Guerra Mundial, había sido un viejo militante del Partido Socialista Italiano, e incluso admirador de Mussolini y de Stalin; y con ciertas tendencias anticlericales. El papá del Padre José, intentó por todos los medios cambiar su idea de hacerse sacerdote, pero José se mantuvo firme y dijo: “Papá déjame entrar en el convento ahora, o lo haré yo cuando tengo 21 años de edad.”
Su madre Gina era ama de casa y empleada doméstica, el Padre José comentaba de ella: “Mi madre- nos decía el Padre Zilli- trabajaba como empleada doméstica. Recuerdo que ella tenía que refregar el piso y las escaleras, agachada y con un cepillo; porque en esa época no existían los secadores de piso. Ella lavaba la ropa y al igual que otras mujeres del pueblo, en un manantial de agua. Mi madre después de lavar la ropa, la colocaba en un cesto y lo llevaba en la espalda. Eso era muy pesado y ella se cansaba, y yo le decía: “Vamos madre, que ya falta poco.”
“Mi madre era muy religiosa, cuando era chico me levantaba muy temprano y me hacía rezar, hasta que pude acostumbrarme a rezar a la mañana todos los días. Mi madre era tan religiosa, que la convencí de que fuera terciaria franciscana. Mi padre, aunque era socialista, se confesaba y comulgaba algunas veces.”
Debió haber sido una vocación tan fuerte que, incluso antes de decir su primera misa, un colega suyo, ateo endurecido, viendo y oyendo su entusiasmo al celebrar la Santa Misa se convirtió y Padre Vitaliano María (su nuevo nombre de fraile) lo encontró en su primera misa haciendo la Comunión.
En una breve biografía escrita por la parroquia de Gemona unos pocos años antes de su muerte escribió: “Cuando me decidí a entrar en el convento en 1942 estaba dominando por la simple idea de convertirse en un fraile franciscano. Durante los 10 años pasados en el claustro dos ideales se levantaron para someter a mi alma: la vida eremita y la vida misionera. Me decidí por este último sin sacrificar el primero, porque ya estaba convencido de que los dos podrían reconciliarse. Precisamente por eso hoy soy un misionero y también un poco ermitaño. En medio de mi trabajo me paso un par de horas cada día en la meditación”.
Completó su noviciado en San Pancracio di Barbarano y el 15 de mayo de 1947 se convirtió en “Fraile para siempre” con el nombre de Fray Vitaliano María; el superior lo llamó y le impuso este nombre en honor al San Vitaliano, y fue el papa que autorizó la utilización de los órganos en las iglesias. Hizo sus estudios sacerdotales en Verona, Monselice, Vittorio Veneto y Motta di Livenza, donde fue ordenado sacerdote el 22 de junio de 1952, por Monseñor Vittorio De Zanche, obispo de Concordia-Pordenone.
Su primera misa fue en la parroquia de Gemona, realizada en el día de los santos Apóstoles Pedro y Pablo. Poco después de su ordenación fue enviado al sur de Italia. Pasó por Roma y estuvo en la plaza San Pedro donde vio al Papa Pio XII. El Padre Zilli estuvo en San Leonardo di Cutro, que es una fracción de la Municipalidad de Cutro, situado en una colina cerca del mar Jónico, en Calabria, provincia de Crotone. Los habitantes son unos 800 residentes. Cercana a Catanzaro y a la Isla Capo Rizzutto.
En 1953, después de una temporada en Calabria, pidió a sus superiores para ir a una misión y le aconsejaron de elegir entre Japón o la Argentina. Al igual que muchos de sus compatriotas, sintió la fuerte vocación misionera, “listo para salir donde la ausencia del sacerdote es mayor ", escribió en su petición a sus superiores, que eligen para él la Argentina, en el momento en que realmente necesitaban de sacerdotes y, en particular, de los hermanos franciscanos. El Padre decía lo siguiente sobre su elección a la Argentina:
“Elegí Argentina y la elección hizo posible el contacto con mis parientes que emigraron a Uruguay. Mi primer viaje a Argentina lo hacía a bordo de un pequeño barco “la Castelbianco” junto con padre Genesio Baldan que fue misionero en Argentina y en El Salvador, que después murió de mal de Chagas en Guatemala. El viaje duró 18 días. Llegado a Argentina la primera cosa que me di cuenta fue que allá no se oyen palabrotas. ¡Qué alivio!”
“Un hermano de mi papá- contaba el Padre José- llamado Pompeo, es decir, Pompeyo emigró en 1928 al Uruguay y yo tenía unos primos en el Montevideo y en Buenos Aires; y yo quería conocerlos. Además el obispo de Viedma, que en aquel entonces la diócesis se extendía por toda la Patagonia, necesitaba sacerdotes, porque los salesianos no daban abasto y llamaron la presencia de nosotros los franciscanos, los claretianos, los franciscanos conventuales y los misioneros del Sagrado Corazón. A mí me enseñaron un poco de castellano en Italia, me dieron un libro y nos embarcamos en Génova con un grupo de frailes para la Argentina.” Llegó a Buenos Aires, en julio de 1953, estuvieron unos meses en el Convento de Tierra Santa en la Capital del país y luego fue enviado a Santiago del Estero.
El Padre José contaba cómo había sido su experiencia en tierras santiagueñas:
“Después de Buenos Aires me enviaron como misionero a Monte Quemado (provincia de Santiago del Estero) como cuatro meses y más tarde fui dos veces más (las tres veces que estuvo fue durante la década del 50), incluyendo Tintina, Urutaú y Pampa de los Guanacos.”
Fue en Monte Quemado donde construyó una capilla dedicada a San Francisco de Asís construida de quebracho y chapa.La mejor característica para esta región del chaco santiagueño está puesta en palabras de otro gran misionero franciscano Padre Marcelo Birarlelli: “Es una región que ha sufrido el analfabetismo, la desnutrición, el mal de chagas, el empobrecimiento paulatino de la campaña, la desforestación, la explotación laboral de los hacheros y la corrupción política.”
La primera vez que el padrecito Zilli estuvo en Santiago del Estero, (que fueron unos cuatro meses), un fraile bastante mal humorado le dijo, que de inmediato se armara su bolsito de ropa y tomara el tren rumbo al sur.
Zilli recordaba: "Yo obedecí, agarré mi bolso y tomé el tren para Río Negro… Me acuerdo que tenía tanta acidez en el viaje, que cuando paramos en una estación de tren, había un hombre vendiendo sandías y compré una. Cuando lo comí, se me pasó el acidez ¡Santo remedio!"
Llegó a Ingeniero Jacobacci en 1954, precedido anteriormente por el Padre Teófano Stablum. El Padre José recordaba así la primera iglesia del pueblo: “Antes de que fuera una parroquia, era un viejo almacén de un sirio-libanés”.
Entre 1954 y 1976 llevó su labor a cabo en Ingeniero Jacobacci (Río Negro) y los diversos pueblos de la Línea del Sur en la Parroquia de la Exaltación de la Santa Cruz y fundó la capilla Nuestra Señora de Lujan. Ejerció como profesor de historia y de dibujo por 7 años y fue llamado por los vecinos de Jacobacci como “El Amigo de los Pobres”. Como recordaría un viejo vecinos de Jacobacci: “Mil recuerdos del Padre Zilli, paseos al cerro de la cruz, viajes a Bariloche, partidos de futbol en la iglesia o como invitado a comer a mi casa, en fin, recuerdos de mis felices años de mi infancia…” Otros recordaban su amabilidad, las tardes donde hacía tortas fritas o jugaba al futbol con los chicos de catecismo.
En Argentina, en esa época no había muchas iglesias y las funciones se celebraban en las casas o en algún lugar público, pero los misioneros comenzaron a construirlas y sin duda el Padre José se dedicó principalmente a la belleza de las Iglesias, aunque no se consideraba un pintor pero era un buen decorador.
Se sabe poco de sus decoraciones de las Iglesias en Italia, porque él no hablaba, en Ingeniero Jacobacci pintó una iglesia que luego se convirtió en un monumento histórico. Cuando estaba en Italia, durante sus vacaciones, le gustaba dibujar y aquí hay pinturas hechas por él. Pinturas que le recordaban su juventud, el castillo de Gemona, las numerosas Iglesias que se encuentran en Gemona y las imágenes de la Virgen María.
También le gustaba el taller y preparar los moldes para hacer pequeñas estatuas de yeso. La única foto que envió a su madre, sacada por una señora, es uno de sus cuadros pintados por él. de Buenos Aires en los primeros años de la misión y representa a la Virgen María.
De ese cuadro, él contó cómo había sido el mismo sorprendido por el hecho que la expresión facial de María sucedió inmediatamente como lo había imaginado. Esta foto está todavía en la casa natal de José. Pintó numerosos cuadros en la parroquia de Jacobacci, que entre ellas se destaca un hermoso San Francisco abrazando a Jesús Crucificado. E igualmente hizo varias obras en Diego de Alvear y en la capilla del cementerio de Aarón Castellanos.
El ideal misionero que llevó consigo mismo el Padre Zilli, junto con su fuerza atractiva, le hicieron olvidar el peso de los años, incluso si el territorio de la misión era caracterizado por las grandes distancias que deben abordarse, a tantas personas para catequizar y ayudar espiritualmente con la gracia de los sacramentos.
El primer regreso a Italia fue en el mes de agosto de 1967, después de 14 años y el segundo en 1975. De este último salió poco antes que Gemona, su pueblo natal fuese completamente destruido por el terremoto del 6 de mayo de 1976. Pero mientras él estaba todavía de vacaciones le llegó la noticia que le hizo sufrir mucho porque se le dijo que no podía volver a Argentina. Dos propuestas le fueron hechas o permanecer en Italia o ir a Centroamérica. Poco después, sin embargo, recibió en abril de 1976, una carta de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, el futuro Santo Mártir salvadoreño, obispo de la Diócesis de Santiago de María de El Salvador, quien lo invitó a integrarse al clero de su diócesis y la parroquia confinada fue Ozatlán (brevemente estuvo en Jucuarán), departamento de Usulután donde permaneció durante un año (1976-77). En El Salvador percibe la inminencia de la revolución y así decidió tener mucho cuidado. Los primeros meses tuvo que salir acompañado por el alcalde, desde entonces la gente se convenció de que era políticamente inofensivo y carente de tensión y pudo salir solo. El obispo no se atrevía a entrar a Ozatlán, pero un día apareció y celebró la Santa Misa en la plaza y en la homilía lo declaró como “Un verdadero hombre de la Iglesia”. Aquí se encontraba muy bien, sin embargo, el clima le causó problemas de salud que lo redujeron a piel y huesos y también extrañaba su Argentina. Así que para sus 25 años de sacerdocio pide a sus superiores para celebrar en la tierra que ahora amaba como su propio país natal.
En esa ocasión escribió a su familia: “En Argentina no hubo bodas de plata sacerdotales, ninguna fiesta, no sentí la necesidad, simplemente era feliz de respirar aire Argentino. Nuevamente me armé de coraje y le pedí a mis superiores si podía quedarme aquí y he encontrado la disponibilidad en la parroquia de Trevelin, diócesis de Comodoro Rivadavia en la Patagonia donde estuve dos años en un lugar maravilloso por su belleza natural de valles y bosques”. Luego fue párroco de la parroquia Nuestra Señora del Valle en Comodoro Rivadavia y fue capellán de la cárcel de Esquel, todo esto entre los años 1977 y 1981, una vez que el contrato se acabó, el obispo salesiano Monseñor Mario Picchi, le ofreció venir a la Diócesis de Venado Tuerto y lo nombra párroco de la Parroquia Nstra Señora del Carmen en Diego de Alvear donde permanece 19 años. También colaboraba sacramentalmente en San Gregorio y fue visitante de los hermanos franciscanos de la vecina localidad de Aarón Castellanos. Los vecinos siempre recordaron su enorme huerta y las verduras que regalaba a las personas más pobres del pueblo. La memoria colectiva del pueblo siempre se referían al Padre Zilli como lo siguiente: “Él era muy consejero y sabio, vivía dando consejos en homilías o en las confesiones, solo sugería ser buenas personas todos los días un poco más. Y tenía la capacidad de escuchar y era muy paciente, hasta que empezaba a hablar a su manera pausada y lograba que todos quedemos escuchándolo por horas atrapados por sus comentarios. Lo más impactante de Padre José era que uno lo veía a él y era como un portal al pasado lleno de historias y mucha sabiduría, una de esas personas con las que da ganas de tomar unos mates y que te cuente miles de historias de todos los lugares donde estuvo y toda la gente que conoció.”
Otra anécdota es la siguiente: “También, cuando el obispado le dijo que se comprara un auto, eligió un Dodge 1500, que se caía a pedazos y se le veía hasta el aire de las cubiertas, y con ese auto viajábamos junto con otros monaguillos a dar las misas en las iglesias de Iriarte o Germania (Provincia de Buenos Aires).”
En el año 2000 superó el umbral de los 75 años, también a causa de problemas de salud, regresó a Italia donde pensaba quedarse para siempre. Cuando la familia fue a recibirlo en el aeropuerto, después de una vida de distancia, llegó sin nada, solo tenía un pequeño equipaje de mano que contenía sus libros de oraciones. Le hubiera gustado quedarse como capellán en el cementerio de Gemona, pero esto no fue posible y lo enviaron primero a Monselice, vivió un año en la Hermandad de San Lucía en Vicenza y luego en Verona. Sin embargo la serenidad y la fortaleza de su alma, unido a la firme voluntad de servir al Señor y a nuestros hermanos en el estilo que San Francisco dio a sus frailes, manifestaba claro que su corazón y sus pensamientos estaban en otra parte, se dirigió a las muchas personas que en la tierra Argentina necesitaban encontrar a Cristo y ser ayudados a vivir el Evangelio. De estas situaciones de emergencia a sus problemas de salud se hicieron más pequeños y tratables. Y cuando después de repetidas súplicas, se le permitió regresar a la Argentina que era el medicamento más eficaz para él, que le devolvió el entusiasmo y el deseo de servir.
Fue a Verona que recibió una invitación del Padre Riccardo Facci de volver en Argentina para ser Capellán del Seminario de Filosofía del Instituto “Hogares Nuevos” y si también tenía algunos problemas de salud nadie podía tenerlo en Italia. Sus ojos brillaban de alegría cuando saludó a su pueblo y a sus parientes, porque sabía que en Argentina podía ayudar a la gente, a pesar de que era consciente de que nunca volvería a ver a su familia y a su país. El ideal misionero, con su fuerza atractiva, le hacen olvidar el peso de los años, así mismo el Padre Zilli pensaba en vivir una vida simple, el suyo, en la pobreza, que enriquece y fortalece el espíritu y hace que sea más fácil para su donación a la otra. Los servicios prestados en el seminario no le impidieron dar una mano a las parroquias de Aarón Castellano, Amenábar, Lazzarino, Rufino, Villa Saboya y Florentino Ameghino (Provincia de Buenos Aires). Periódicamente expresaba la satisfacción del fuego que pudo dar a un servicio útil y apreciado. La última obra del Padre José fue restaurar una capilla abandonada en el cementerio local, y se la dedicó a la Beata Madre María del Tránsito Cabanillas, que él le tenía mucha devoción. La construcción se encontraba abandonada y él mismo la reconstruyó, a sus 83 años, con sus propias manos picando, revocando y pintando sus paredes.
Un último testimonio nos refiere con relación al padre José, salido en el diario rosarino de La Capital: “En la localidad de Diego de Alvear trabó gran amistad con varias familias y en Rosario en estos momentos tenemos la suerte de tener una testigo de su vida. En esa señora se resumen muchas de las anécdotas que el Padre Zilli desarrolló sobre su vida. Hay situaciones alegres, como la de que le habían regalado al sacerdote un par de pantalones que por largos le rozaban el suelo y se le ensuciaban o se le mojaban, según hubiera sol o lluvia. La señora le observó un día el detalle y el Padre José, siempre dispuesto a pensar en la palabra de Dios pero no a molestar a nadie, acortó los mismos dándole un tijeretazo a cada una de las botamangas para luego decirle a la señora: "¡Mire, ya solucioné el problema!".
El Padre José se durmió serenamente en el Señor, el 31 de enero de 2008. Y aquí, él quería ser enterrado, para quedarse en su pueblo, que todavía habla con la memoria de su testimonio de vida franciscana y apóstol. Con el Padre José Zilli terminó definitivamente la última presencia de los Hermanos Menores de la Provincia de Veneto y Friuli-Venezia Giulia en Argentina. Una rica historia de los nombres y eventos, pero especialmente abundantes en tanto buena siembra con generosidad y dedicación del Último Apóstol Misionero Fray José Zilli.
¿Qué era para él ser franciscanp?: "Es vivir la encarnación, digamos en pocas palabras: Vivir amando la pobreza y la sencillez, la humildad, dedicar mi vida al servicio de los otros, no tener poder, ni aspirar a tenerlo jamás", había dicho una vez el Padre Zilli.
El proceso de beatificación comenzó con el decreto del Nihil Obstat en el 2013. En el año 2015 en la Diócesis de Venado Tuerto se constituyó el tribunal eclesiástico para la investigación de su causa de beatificación y concluyó en marzo de 2022. Actualmente sus restos se encuentran en la capilla Nstra Señora de la Merced, en Aarón Castellanos, Santa Fe.
ORACIÓN AL SIERVO DE DIOS PADRE JOSÉ ZILLI OFM:
Señor Jesús, Tú hiciste del
Padre José, franciscano,
un servidor pobre y humilde,
manso y misericordioso, que sembró
la paz y el bien con pureza de corazón.
Dígnate, ahora, glorificarlo en la Iglesia
y hacerlo resplandecer,
con María nuestra Madre,
entre los santos del cielo.
Por su intercesión, dános
la gracia que pedimos.
Amén.
Padre Nuestro-Avemaría-Gloria.
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